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Por mi, pero no por mi culpa.

  • Foto del escritor: La Maca Ve
    La Maca Ve
  • 12 mar 2019
  • 3 min de lectura

El verdadero amor que debes llegar a tener en tu vida es el amor propio, se lee bastante egocéntrico ¿cierto?, pues efectivamente puede llegar a verse de manera egoísta, pero a su vez te pregunto ¿Cómo sabes lo que es el amor si no te amas a ti mismo? ¡Aja! Creo que con ella te sorprendí, si es así pues ¡venga sigue leyendo!, si no es el caso y quieres seguir leyendo, eres muy bienvenido.


Pertenezco a una generación donde lo primordial era crecer sin cuestionar mucho a los adultos, lo que decían ellos era ley, padres y maestros nos entregaban valores y conocimientos, pero además nos relataban cuentos de princesas frágiles rescatadas de peligros casi absurdos por caballeros de muy dudosa sexualidad, la gran mayoría de estos eran recitados mientras se invocaba a Morfeo durante las noches de infancia.


Por lo mismo, era de esperar que gran parte de mi generación creciera con una autoestima bastante baja, la razón es simple la chica siempre debe esperar ser rescatada por el galán de película. Se lee bastante violento porque las expectativas de felicidad se centran en el otro y no en mi capacidad de generar mi propia felicidad y resolver mis propios conflictos. Según mi punto de vista, este fenómeno de cándida ingenuidad se gesta en los años de dictadura que vivimos en Chile (1973-1989), los medios de comunicación estaban censurados, por lo que se accedía naturalmente a la información oficial que el gobierno distribuía, aunque otros teníamos acceso a la información real por canales no oficiales contrarios al sistema (esto es otra historia).


Una vez alcanzada la democracia se vino encima un destape post dictadura, esto hizo que nos volviéramos relativamente locos con toda la libertad antes reprimida, la liberación hizo que perdiéramos el sentido y fue caldo de cultivo para las empresas de marketing, políticos y embaucadores de otras latitudes que hicieron “El festín” con esta generación ingenua que se creía absolutamente todo lo que los medios de comunicación ya “sin censura” impartía. Por otro lado aún manteníamos la ilusión infantil del cuento de hadas Disney, idealizando el amor a escalas inimaginables.


Miro hacia atrás y pienso en la gran pérdida de tiempo que supuso el colgar expectativas en alguien ajeno a mí. Y bajo esta perspectiva hago un mea culpa. Si tan solo me hubieran enseñado lo sencillo de amarse, habría aprendido que no es necesario otro para reforzar ese sentimiento de autoestima. Bajo este paradigma, el sentido de pertenencia hace que resuene en mi cabeza, ¿Cómo puedo sentirme perteneciente a algo si no me pertenezco a mí? ¿Si no tengo claro mi propia pertenencia?. Son preguntas que recién a mis cuarenta y tantos años puedo formular porque hoy estoy aprendiendo que es mi responsabilidad el quererme, porque es la única forma de poder aprender a querer a los demás, sin ataduras, sin peso muerto, en completa libertad.


Con esto no quiero que se entienda que estoy en contra del amor de pareja o que tal vez es para mí un problema, por favor que no se malinterprete. Es maravilloso poder contar con otro para esos momentos de complicidad, de risas o quizás hasta para tener rencillas de vez en cuando. Quiero establecer que para una relación sana y fructífera, ambos deben tener amor propio, dejando de lado el ego mal entendido, trabajando por un bien y objetivo en común. Cuando esto no sucede, quien lleva la peor parte del problema es la mujer, porque socialmente está obligada a ser el pilar y soporte fundamental de la familia (otro tipo de violencia no visualizada). Aquí digo con los ovarios en mi mano… ¡puta que nos ha tocado difícil por la cresta!, esto es solo un mero desahogo personal.


En los tiempos que corren el amor propio ha ganado terreno, pero mal entendido, después de mi generación con escaso y nulo amor propio, viene una generación de personas con un amor egocéntrico bastante contundente, con el “súper Yo” y lo llamo el síndrome de Quiko. Reconozco que se nos pasó la mano esto de entregar herramientas para la autoestima, con esto de que mamá y papá trabajan, los complejos de culpa paternales no tardaron en aparecer, por consiguiente lo que hemos creado ha sido una generación de chicos mimados.


Nunca los excesos han sido buenos, el equilibrio siempre es importante, por lo mismo es saludable hacer cada cierto tiempo una introspección y darse cuenta que es lo que se puede mejorar para avanzar sana y constructivamente en esta llamada sociedad.


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